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miércoles, julio 10, 2013

Empieza nuestra última semana en el Tantarantana


                                                                   

El tiempo ha pasado volando y ya estamos en la recta final de nuestro paso por el Teatre Tantarantana con "Anomia". Nos decía un conocido empresario teatral madrileño que venir a Barcelona en pleno verano y con la que está cayendo en el sector por culpa de la subida del IVA y del colapso en el consumo, no era una buena decisión estratégica. No le falta razón. A esto hay que añadir la oferta del Festival Grec y la natural predisposición de los espectadores potenciales a pasar estos días calurosos más cerca de la playa que de una sala de teatro. Tenemos la tormenta perfecta. Así y todo, navegamos. Nuestra compañía, Aran Dramática, es pequeña y no se puede permitir muchas alegrías, pero, afortunadamente, hemos recibido una ayuda a la gira del INAEM que contribuirá a paliar los gastos y dulcificar la inversión realizada. 

Hay que reconocer que nuestras expectativas de público no se han colmado hasta ahora, pero sí hemos cubierto ampliamente otros objetivos. Nuestros anfitriones de Tantarantana nos dicen que hemos de sentirnos orgullosos por la calidad del trabajo presentado y por las reacciones unánimes de los espectadores asistentes que, cada día tras la representación de "Anomia", coproducción con el Centro Dramático Nacional, alaban el brillante trabajo de los actores y las excelencias del texto y la dirección. Hemos recibido buenas críticas y colegas de la profesión afincados en Barcelona nos han felicitado por el resultado artístico conseguido.

De esta manera, hemos puesto una pica en Barcelona, parafraseando la popular expresión y, seguramente, si volvemos en otra época del año y rentabilizando lo conseguido hasta ahora, podremos abrirnos un hueco en el panorama teatral de la capital de Cataluña. 

Antes de empezar los ensayos de "Anomia", en una reunión con María Luisa Borruel, Elías González, Pablo Bigeriego, Quino Díez y Cándido Gómez, quedamos en que el reto consistía en dar verosimilitud a los personajes, hacerlos reales, no distanciarse y mirarlos desde fuera. A fe que lo han conseguido. Es uno de los comentarios más recurrentes del público que asiste al espectáculo: "No parecen actores. Parecen políticos de esos que salen en la tele". Desde aquí, mis felicitaciones a los componentes del reparto y a todo el equipo de "Anomia". Enhorabuena, de corazón.

Eugenio Amaya
Autor y director de "Anomia"

miércoles, julio 03, 2013

"Anomia", a mitad de camino en el Tantarantana


"Anomia", nuestra coproducción con el Centro Dramático Nacional, llega al Ecuador de su paso por Barcelona en el Teatre Tantarantana. Hasta el momento, ha habido buenas críticas, la recepción del público es excelente y los medios de comunicación de Barcelona nos han hecho algo de caso. Sin embargo, en honor a la verdad, la taquilla no acaba de despegar. Aterrizamos en la ciudad en medio de una crisis generalizada por culpa de la subida del IVA, el desplome del consumo y, aquí empiezan las especulaciones, una cierta indiferencia respecto al teatro en castellano por parte de los aficionados en Barcelona. Esto último no lo decimos nosotros, es lo que nos han dejado caer algunos colegas del ramo. La oferta cultural en Barcelona es muy amplia y el espectador ha de velar por su bolsillo y elegir muy cuidadosamente en qué se va a gastar su pecunia cada vez más menguada. Confiamos en el boca a oreja como agua de mayo. Sobre todo, teniendo en cuenta que, a partir de ahora, competimos con la programación del Grec que, en estas fechas, fagocita el interés de todos. En foros de Internet nos echan un cable para difundir las excelencias de la obra y el Tantarantana lleva a cabo una activa campaña en las redes sociales. Sabíamos que no iba a ser fácil, pero el sabor es agridulce. La obra conecta con el público asistente que aplaude con cálido entusiasmo al final de cada representación, pero resulta descorazonador comprobar cómo un trabajo dirigido a los ciudadanos decepcionados con nuestro sistema político dominado por la corrupción, no acaba de suscitar su atención. 

No nos estamos pegando un tiro en el pie. Simplemente, contemplamos la realidad. Navegamos en un barco a la deriva en medio de una tormenta perfecta que se ha llevado por delante miles de iniciativas emprendedoras y pequeños negocios de toda la vida. El teatro no iba a ser una excepción. De todas formas, seguiremos aferrándonos al consuelo que produce contemplar in situ el aplauso emocionado de los espectadores asistentes. Nos gustaría que fueran más numerosos.