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sábado, julio 31, 2021

"Coriolano": una de romanos en el emplazamiento ideal

 

Foto: Cristina Guijarro

En el verano de 2014, regresamos al Festival de Teatro Clásico de Mérida con "Coriolano" de Shakespeare en versión de Fermín Cabal. Tras "Electra" (1997), "Medea" (1998) y "Agripina" (2002), volver al Teatro Romano nos hacía conscientes del privilegio único que significa pisar el escenario del marco incomparable, un placer envuelto en el habitual sentido de la responsabilidad y el reto de estar a la altura de las circunstancias. Escribíamos en nuestro blog en aquellas fechas: "...presentamos este proyecto al director del Festival, Jesús Cimarro, a quien entusiasmó la posibilidad de contar con la colaboración de ciudadanos de Mérida (miembros de la Asociación Emérita Antiqua) en el espectáculo." No era una situación habitual encomendar las labores de figuración con un importante componente interpretativo a un solo grupo, pero Emérita Antiqua destacaba por sus rigurosas recreaciones históricas del universo romano. Nos pusimos en contacto con Diego J. Casillas, cabeza visible del grupo, y, a partir de ese momento, se produjo una compenetración absoluta entre los miembros de la Asociación que se apuntaron al proyecto y el equipo de dirección compuesto por quien firma esto, Antonio Gil Martínez (director del coro de ciudadanos) y Jon Bermúdez (director de lucha escénica).  


Como siempre, el objetivo era respetar el monumento, aprovechando sus características como espacio escénico y no taparlo con configuraciones verticales. También, establecer una recreación más o menos libre de la época en la que se desarrolla la obra (Antigua Roma, albores de la República) y apuntar al máximo rigor artístico. En aquel momento se había convertido en algo habitual "actualizar" el repertorio clásico mediante alusiones a la actualidad en el texto y vestir a los personajes con indumentaria anacrónica o directamente contemporánea. Consideramos entonces que ser fiel al momento histórico, tanto en el espíritu como en la letra, podría resultar una opción "innovadora". Al igual que Shakespeare, investigamos las "Vidas Paralelas" de Plutarco, así como los escritos de Tito Livio y Dioniso de Halicarnaso sobre el malogrado protagonista que daba título a la obra. Curiosamente, la rebelión de los ciudadanos ante la carestía de vida y la rapiña del poder financiero, así como la amenaza "separatista" del pueblo volsco planteaban temas que eran reconocibles sin necesidad de introducir "actualizaciones" oportunistas. La versión de Fermín Cabal resultaba cercana, comprensible y conservaba la textura poética de Shakespeare.



El reparto: Elías González (Coriolano), María Luisa Borruel (Volumnia), Quino Díez (Menenio), Francisco Blanco (Claudio Apio), Pablo Bigeriego (Aufidio), Pedro Montero (Sicinio), Elena Sánchez (Valeria), Juan Duarte (Tito Larcio), Francis Lucas (Bruto), Cándido Gómez (Nicanor), Beli Cienfuegos (Adriana), Fernando Nieto (Junio) y Javier Rosado (Tarso, lugarteniente de Aufidio).

Foto: mai saki

El equipo técnico-artístico: Espacio Escénico, Claudio Martin; Diseño de Iluminación, Kiko Planas; Diseño de Vestuario, Cecilia Molano; Caracterización, Pepa Casado; Música, Mariano Lozano-p; Lucha Escénica, Jon Bermúdez; Director del coro de ciudadanos, Antonio Gil Martínez; Realización Audiovisual, Félix Méndez; Diseño de Sonido, Koke Rodríguez; Realización de Vestuario, Luisi Penco y Eulalia Moreno; Fotografía, mai saki; Ayudantes de caracterización, Pilar Brinquete e Isabel Martín; Asistente de dirección durante las representaciones y conductor, Juan Bejarano; Ayudante de Producción, Meme Barrientos; Ayudante de Dirección, Jorge Moraga; Dirección Técnica, Javier Mata; Producción Ejecutiva, Manuela Vázquez y Dirección, Eugenio Amaya.

Foto: mai saki

El espacio escénico diseñado por Claudio Martín, sobrio y minimalista, permitía el movimiento del abultado reparto (más de cincuenta personas en escena) y establecía un maridaje perfecto entre escenario y orchestra mediante unas escalinatas de tan esmerada realización (Talleres El Molino) que los turistas imaginaban que formaban parte del monumento. El diseño de vestuario de Cecilia Molano y la caracterización de Pepa Casado dieron elegante credibilidad a nuestra intención de ofrecer al público "una de romanos". Todo lo anterior, acompañado del siempre delicado y expresivo diseño de iluminación de Kiko Planas, la eficaz y cristalina composición musical de Mariano Lozano, la sutil e impecable sonorización de Koke Rodríguez y la fantástica labor de Manuela Vázquez en la producción ejecutiva, hizo realidad las intenciones del proyecto superando todas las expectativas puestos en el mismo.

Foto: mai saki

Referencias como la teleserie "Roma" y películas como "Espartaco" nos hacían ver que, si las interpretaciones eran creíbles, auténticas y comprometidas, se podía enganchar al público. Escribió Javier García en El Periódico de Extremadura: "Del elenco de actores destacó la interpretación de Elías González, que asume sin complejos su rol de protagonista y transmite al público un sinfín de sentimientos que van de la compasión al odio más profundo. A su vez, María Luisa Borruel brilla en su papel de Volumnia, aportando todo su carisma y carácter a la ambición sin límites del personaje que fuerza a su hijo a ser candidato para cónsul en una campaña que se niega hacer frente a los tribunos del pueblo, y que odiaba desde que tenía uso de razón. Mención especial a Antonio Gil Martínez, que ha conseguido convertir en actores a una treintena de miembros de la Asociación Cultural Emérita Antiqua de Mérida, que forman el coro de ciudadanos y soldados."









Fotos: mai saki

En otras entradas de nuestro blog, redactadas durante el proceso de ensayos y las posteriores representaciones, pueden encontrar impresiones de lo que fue nuestro "Coriolano" en el Festival de Mérida, incluidas las apreciaciones del ayudante de dirección, el genial todoterreno Jorge Moraga. Pinchen en las palabras en negrita. Sin duda fue un desafío dirigir a un grupo tan numeroso, pero la labor se hizo fácil y fluida gracias a un sentimiento compartido: hacer honor al monumento del Teatro Romano escenificando una historia ligada a su génesis que planteaba conflictos universales aún vigentes. Volvemos a la reseña de Javier García en el Periódico de Extremadura: "En definitiva, la cualidad máxima de esta tragedia es su contemporaneidad con el momento de incertidumbre que vive la sociedad...Una obra actual, que trata temas profundamente complejos en lo que se refiere a sentimientos humanos y a los asuntos políticos y morales que trata."

Foto: Jero Morales

Foto: Jero Morales



Tras las representaciones en el Festival de Mérida, "Coriolano" se representó en la Feria de Teatro de Ciudad Rodrigo, ("Del Coriolano de Amaya cabe resaltar no sólo una interpretación plena de fuerza y rica en matices y una puesta en escena imaginativa, sino la expresa voluntad de resaltar los paralelismos con las crisis política y económica del presente, lo que da al público un sentido claro de la acción, en la que se reconoce plenamente," escribió Javier Dámaso en el digital Último Cero de Valladolid); en Villanueva de la Serena donde Jorge Moraga sustituyó brillantemente a Pedro Montero en el papel de Sicinio y, al año siguiente, en el Teatro Bellas Artes y los teatros romanos de Regina y Medellín. Asimismo, fue candidata a los Premios Max en los apartados de mejor actriz de reparto (María Luisa Borruel), mejor actor de reparto (Quino Díez) y mejor adaptación (Fermín Cabal).



Y con este recuerdo que forma parte de la conmemoración del Treinta Aniversario de Aran Dramática, hacemos un alto en el camino hasta septiembre. Quedan todavía unos cuantos espectáculos por reseñar hasta alcanzar el tiempo presente. Reviviendo nuestra trayectoria refuerza nuestro ímpetu y fortalece nuestra voluntad de perdurar y buscar nuevos desafíos. Si quieren disfrutar de la obra completa tal cual se representó en el Festival de Mérida 2014, pinchen aquí.

Eugenio Amaya

sábado, junio 05, 2021

Nuestra colaboración con el Festival Internacional de Teatro y Danza Contemporáneos de Badajoz: 2000 - 2005

 


Años de renovación y búsqueda de la excelencia. Desde el 2000 hasta el 2005, Aran Dramática (María Luisa Borruel, Manuela Vázquez y Eugenio Amaya) nos insertamos en el Festival Internacional de Teatro y Danza Contemporáneos de Badajoz dirigido por Miguel Murillo haciéndonos cargo de la programación internacional y la organización de las actividades paralelas (jornadas de debate, talleres de perfeccionamiento profesional para artistas de las artes escénicas de la región extremeña y una extensión de la programación principal que incluía representaciones de calle y en salas alternativas de la ciudad a cargo de artistas en proceso de formación, así como otras iniciativas para acercar el Festival a la comunidad). Todo con el beneplácito de las autoridades culturales de la región (Junta de Extremadura y Diputación de Badajoz) y la complicidad de algunas entidades privadas y públicas como la Fundación El Monte (María Pía Sánchez), la Dirección General de la Sociedad de Información (Carlos Castro) y el British Council. 


Presentamos un proyecto a la Consejería de Cultura regional capitaneada por Francisco Muñoz y al director del Festival, Miguel Murillo, que giraba en torno a la idea de reivindicar el papel del Teatro de las Regiones de Europa. ¿Por qué "Teatro de las Regiones"? Simplemente, porque habíamos detectado que el protagonismo de las artes escénicas en el continente se lo llevaban las grandes metrópolis (Londres, París, Milan, Madrid, Barcelona, Lisboa, Berlín, etc.). Lo que sucedía fuera de estas grandes capitales era considerado por los medios de comunicación y los estamentos de la "cultura oficial" del continente como algo subsidiario e intrascendente. Sin embargo, el talento desplegado por muchas compañías de la periferia era más que evidente y su aportación al desarrollo cultural de sus respectivos países era, en nuestra opinión, una realidad silenciada.


En las Jornadas de Debate, financiadas por la Fundación El Monte, se invitaría a gestores de entidades culturales de distintas regiones europeas (Peter Cutchie de Northern Arts, Reino Unido; Pierre Raynaud, de Athena Association, región de l'Auvergne, Francia; Laurent Dréano del IETM, con posterioridad director de la Capital Europea de la Cultura en Lille, Francia; Teatro Ao Largo del Alentejo portugués, entre muchos otros a lo largo de cinco años) con la intención de comparar programas de apoyo a las artes escénicas y establecer vínculos de cooperación, algunos de los cuales fructificaron y permitieron a artistas de la región beneficiarse de residencias artísticas en el exterior. 


Otro de los pilares del proyecto eran las actividades paralelas, financiadas por la Diputación de Badajoz, a las que denominamos "El Casco a Escena". Como decíamos anteriormente, se trataba de complementar las representaciones del Teatro López de Ayala extendiendo la programación al Casco Antiguo de Badajoz, tanto en la calle como en locales que ya desarrollaban actividades culturales en sus instalaciones por iniciativa propia. Fue una oportunidad para que jóvenes artistas de las artes escénicas de la ciudad y la región pudieran mostrar su talento al público, contribuir a revitalizar un casco viejo que pugnaba por combatir su deterioro y que los habitantes de Badajoz tuvieran conocimiento de nuestra rica cantera cultural. 


Así, artistas que hoy disfrutan de una sólida trayectoria profesional se foguearon en los distintos escenarios alegrando la vida a los espectadores y disfrutando de un justo reconocimiento a su talento en vías de consolidación: Bebe, entonces componente del espectáculo de cabaret "No, noticias" en el que interpretaba su tema "Malo"; Gene García, cautivando a los clientes del Mercantil con sus contundentes temas de R&B;  Francis Lucas, Michael Shoke, Javier Rosado, nuestra añorada Victoria Morejón (recital de violín); David Carbonell (recital de piano); el Gran Chiqui (magia) y "Las Pulgas del Viejo Circo", semillero de acróbatas, artistas de clown y malabaristas, entre muchos otros. También organizamos un Concurso de Escaparatismo Teatral con la colaboración de la Asociación de Comerciantes del Casco Antiguo de Badajoz, un certamen de fotografía con imágenes del Festival con la colaboración de la Agrupación Fotográfica Extremeña y hasta una "Gran Fiesta del Grafiti Teatral" en el cauce del Rio Rivillas, triste protagonista de la riada que castigó a Badajoz y que grafiteros llegados de varios puntos de la región convirtieron en una atractiva muestra de arte callejero. Asimismo, hubo instalaciones de artistas locales en el teatro López de Ayala: Lourdes Murillo, en la sala de usos múltiples, y Luis Costillo que aprovechó magníficamente un espacio del teatro sin rehabilitar. Por último, gracias a la colaboración de la Dirección Gral. de la Sociedad de la Información, se creó una página web específica para el Festival donde los artistas programados chateaban con los espectadores y se podía acceder a la descripción de las actividades programadas y a enlaces a lo más granado del panorama internacional de las artes escénicas. También, se instaló en El Cafetín del Teatro López de Ayala una sede de los Nuevos Centros del Conocimiento (NCC) que, aparte de contribuir a la alfabetización tecnológica de los usuarios, les acercaba a los contenidos digitales del Festival.


Los talleres de perfeccionamiento profesional y artístico a cargo de artistas de talla internacional constituían una piedra angular de las actividades paralelas del Festival. Para muestra, un botón de la edición del año 2000. El Teatro del Silencio de Mauricio Celedón, una entidad con sello propio inconfundible, empezaba a ampliar la integración de distintas disciplinas en sus espectáculos: mimodrama, gesto, movimiento, música en directo, danza y teatro-circo. Así, Mauricio impartió un taller de diez días (8 horas al día) en las instalaciones del antiguo IFEBA en el que se contó con la participación de Jean Marie Rase, componente de la troupe de danza-teatro de Maguy Marin y de Sebastien Brouas, acróbata y artista de teatro-circo especializado en técnicas aéreas. Fue un revulsivo en toda regla. A partir de entonces, compañías extremeñas como Karlik Danza-Teatro y Samarkanda incorporaron estas técnicas en sus espectáculos llegando a abordar proyectos conjuntos con el Teatro del Silencio que, literalmente, dieron la vuelta al mundo.




Roberta Carreri del Odin Teatret y el fundador de la compañía, Eugenio Barba, impartieron un taller-demostración y una charla destinada a los alumnos de la Escuela de Teatro de Olivenza, respectivamente. Antonio Gil Martínez, barcarrotense, entonces miembro del grupo británico Theatre de Complicité y de la compañía francesa La Jacquerie, dedicó cinco días a un taller de Creatividad y Coordinación Espacio-Corporal. Por último, el artista suizo Markus Zohner, ofreció en la Sala Espacio Aftasí un taller de Improvisación y Creatividad del Instante (5 días). Los años venideros trajeron más talleres con artistas como Rafael Spregelburd y Serge Noyelle, entre otros.



Y luego, los espectáculos internacionales. A lo largo de los seis años que colaboramos con el Festival Internacional de Teatro y Danza Contemporáneos de Badajoz, desfilaron por el escenario del López de Ayala espectáculos europeos y latinoamericanos que fascinaron y deslumbraron (no es una exageración) a los espectadores, cada vez más numerosos, del Festival. Puede que alguna se nos quede en el tintero, pero vayamos enumerando (búsquenlos en Google si sienten curiosidad): Derevo, La Patogallina, Northern Stage, Ahke, Daniel Veronese ("Mujeres soñaron caballos"), Fabrik Compagnie Postdam (danza contemporánea de Alemania), Au cul du loup, Gecko theatre Company, Markus Zohner, Odin teatret, Teatro del Silencio, Babilonia (con la bailarina argentina Leticia Mazur, discípula de Anne Teresa de Keersmaeker), los rusos Comic-Trust, Volcano Theatre Company, Chapitô, “Rumble” el emocionante teatro hip-hop alemán de Renegade Theatre Company, Río teatro Caribe... 

"Once" de Derevo

"Animal Farm" de Northern Stage, dirigida por Alan Lyddiard

"Mujeres soñaron caballos" de Daniel Veronese

"Mousson" de Au cul du loup

"Rumble" de Renegade Theatre Company

"White side story" de Comic-trust

"Taylor's Dummies" de Gecko theatre Company

"El Húsar de la Muerte" de La Patogallina

Todo lo anterior tuvo lugar. No nos lo estamos inventando. Recuerda Miguel Murillo, director del Festival Internacional de Teatro y Danza Contemporáneos en aquello años: "La larga trayectoria del Festival Internacional de Teatro y Danza Contemporáneos de Badajoz, que en 2021 celebrará su 44 Edición, está plagada de situaciones en las que desde su propia denominación, la dirección artística, la captación de público o las estrategias para su conocimiento y difusión han ido modificándose al ritmo de las circunstancias. En la memoria, por ejemplo, tenemos presente aquellas ediciones celebradas en el desaparecido Teatro Menacho, la dirección de José Manuel Villafaina que asentó los cimientos del nuevo Festival y su vocación latinoamericana, o las recientes incorporaciones de jóvenes en programas como Festival Joven dirigido a centros de secundaria. En el año 2000 el Festival pone rumbo, tras una profunda reflexión y la incorporación del equipo de Aran Dramática a la dirección artística, hacia unos objetivos que podían parecer inalcanzables dada la realidad económica del Festival. Entre esos objetivos estaba el de convertir al Festival Internacional en eso, 'un auténtico Festival que acercara a Badajoz, Extremadura, a compañías, profesionales, estudiosos e instituciones europeas y latinoamericanas que desarrollaran un trabajo con el que poder extraer las líneas maestras que hicieran evolucionar nuestra escena'. Y lo hicimos. El trabajo de Eugenio, Marili, Manuela etc, en definitiva el trabajo de Aran en coordinación con la dirección y gerencia del Consorcio del López de Ayala así como con su equipo, llegó a conectar con la ciudad, con entidades que apoyaron programas como el 'off' del Festival ('El Casco a Escena'), salas de teatro que programaron artistas locales, comerciantes, compañías y profesionales que acudían a los talleres, estudiosos y gestores culturales que participaban en debates, y, lo principal, el público que asistía a las representaciones. Corresponde a quien escribe el artículo enumerar los puntos clave de aquella revolución teatral que trajo a nuestros escenarios desde el año 2000 al 2005 un aire renovador y, sobre todo, una energía e ilusión que aseguraron la salud vital del Festival de Badajoz. No fue fácil el camino y por ello sobrevino una etapa mucho más gris, pero los logros ahí están. Logros como los que pueden atestiguar compañías de teatro y danza de Extremadura que vieron en los talleres dirigidos por maestros internacionales el camino de renovación que necesitaban como creadores y como empresas. Logros como la normalización en la programación del Festival de la presencia de compañías internacionales. Logros que han asegurado el futuro, que ahora es presente de la mano maestra nuevamente de Aran Dramática en la dirección artística. Y el mayor de esos logros: la identidad de un Festival que no tendría sentido si no tuviera programado el detenerse, reflexionar y renovar."


Y así fue si así os parece. Sueños convertidos en realidad. Un gran despliegue de vocación y energía. Damos las gracias a todas y todos los que se implicaron en sacar adelante esta aventura. Fuente de inspiración, autoevaluación y ganas de mejorar fueron los ingredientes de nuestros años de colaboración con el Festival Internacional de Teatro y Danza Contemporáneos de Badajoz. Sembramos semillas y recogimos sus frutos.

Eugenio Amaya

sábado, mayo 15, 2021

"Electra", nuestra primera incursión en el Festival de Teatro Clásico de Mérida

Desde que llegamos a Extremadura, en 1991, María Luisa Borruel y quien firma lo que vais a leer, cofundadores de Aran Dramática, asistíamos todos los veranos a la ineludible cita con el Teatro Romano de Mérida. No vamos a descubrir ahora la rueda. El monumento es para quitarte el aliento, eso lo sabemos todos. Verlo cobrar vida durante las representaciones del Festival de Teatro Clásico de Mérida, una experiencia mágica. 

Me llamaban la atención las dimensiones del escenario, su enorme extensión horizontal y su relativamente escasa profundidad. La media luna de la orchestra que parecía invitarte a que hicieras uso de ella con el riesgo de estrellarte. La espectacular valva regia y la discreta presencia de las dos valvas hospitalia, una simetría misteriosa que desafiaba a la imaginación. Por lo general, los espectáculos se ahorraban molestias y centraban la acción en el centro del escenario. Pero ahí estaba todo lo demás, a plena vista. Contemplaba los espectáculos, fascinado por la atmósfera sin que se me pasara por la cabeza la posibilidad de recalar allí algún día.


Del cuaderno de dirección de Eugenio Amaya para "Electra"

Hasta que el presidente de la Junta de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra anunció un día que, a partir de 1995, en cada edición del Festival, las compañías extremeñas disfrutarían de la oportunidad de formar parte de la programación por derecho propio. La producción extremeña dispondría de un presupuesto aportado por la Consejería de Cultura de la Junta y sería programada como una oferta artística más dentro del Festival. Ahí se encendió la bombilla.


Del cuaderno de dirección de Eugenio Amaya para "Electra"

En los años 1995 y 1996, las visitas al Festival se tornaron estratégicas. Observaba detenidamente la utilización del espacio en los espectáculos, las condiciones técnicas (los complicados tiros de iluminación, la acústica del teatro -sin microfonía-, la disposición del equipo de sonido, las posibilidades de entradas y salidas, los tiempos de los actores en recorrer las ya citadas curiosas dimensiones de la escena, etc.).


Del cuaderno de dirección de Eugenio Amaya para "Electra"

La pregunta era: ¿qué texto elegir del amplio repertorio grecolatino? Había leído a los clásicos, pero nunca con la intención de montarlos. Nuestra compañía estaba especializada en obras contemporáneas, muy alejadas de los arquetipos de la tragedia griega y, en cierta forma, de las comedias grecolatinas de la época. Llegó a mis manos una versión de Jean Giraudaux de la "Electra" de Sófocles, Eurípides y Esquilo. Un tanto teatro de salón, sin la épica de los clásicos, pero contaba la fábula. 


Y tiramos de nuestro amigo Fermín Cabal. María Luisa había protagonizado un texto de Fermín, dirigido por Ángel Ruggiero en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, "Caballito del Diablo", y el autor leonés se había hecho cargo de la adaptación de nuestro primer espectáculo, "Estrellas en la Madrugada" de Alexander Galin. Había confianza y mutuo respeto.

Así lo veía Fermín, según cuenta en el prólogo a su versión de "Electra" publicada en Editorial Fundamentos: "En el caso de 'Electra'...el encargo provino de una compañía extremeña con la que ya había colaborado antes...La primera actriz, María Luisa Borruel, y el director, Eugenio Amaya, son dos buenos amigos a los que admiro por su extraordinaria vocación teatral, rayana en la mística, y por su talento de artistas. Tanto me gusta trabajar con ellos que acepté un buen día de invierno de 1996 embarcarme en la aventura...sin haber leído siquiera la obra de Giraudoux."


Prosigue Fermín: "Quince días después, tras leerla media docena de veces entre espasmos viscerales y sudores fríos, llamé a Eugenio para pedirle que me disculpara, que me había precipitado, que no podía hacer una versión de una obra que me resultaba absolutamente alejada por muchos motivos. Pero Eugenio es duro de pelar. Se plantó en Madrid, me contó las imágenes de la puesta en escena, el sentido que le encontraba al espectáculo, los momentos brillantes (que los hay) del texto de Giraudoux, las ráfagas de humor, y sobre todo, y eso lo comprendí perfectamente, la necesidad imperiosa de aceptar el encargo del Festival. 'Haz tu versión', me dijo."


Del cuaderno de dirección de Eugenio Amaya para "Electra"

Mientras Fermín Cabal se enfrascaba en su versión libre del texto de Giraudoux, había que poner en pie el proyecto. La unión hace la fuerza. En nuestro capítulo anterior sobre "Mujer rota" de Simone de Beauvoir, comentábamos la armoniosa relación de Aran Dramática con Francisco Espada, joven empresario cultural que había creado en Badajoz la Sala Tragaluz. A Paco lo conocimos en Madrid cuando formaba parte del laboratorio de investigación y creación teatral La Cuarta Pared (con el tiempo convertida en Sala Alternativa) que había fundado el director argentino Ángel Ruggiero. Paco también había decidido volver a Badajoz para desarrollar su trayectoria profesional que, con el tiempo, lo convirtió en uno de los protagonistas destacados de la incipiente industria audiovisual extremeña. Unimos recursos: él se haría cargo de la producción ejecutiva y nosotros de la puesta en escena. Trabajamos en sintonía. Paco había aprendido de números y de gestión (talento natural), pero viniendo como venía de la parte artística del hecho teatral, sabía equilibrar lo "creativo" con lo "posible" y, juntos, iniciamos la travesía para desembarcar en Mérida.


Desde el principio de mi carrera como director de escena, supe, no sé si por intuición o por la influencia de los escritos de los que me nutría en mi permanente labor de autodidactismo, que un buen director era el que supiera rodearse de buenas personas de gran talento y profesionalidad. Era necesario conjugar el rigor creativo con la humildad, la generosidad y la capacidad de extraer lo mejor del talento ajeno. Tirando de mis referencias internacionales, a través de nuestro querido amigo Antonio Gil Martínez, establecimos contacto con dos miembros de la laureada compañía británica "Théâtre de Complicité" con la que Antonio había trabajado en varias ocasiones. Su diseñadora de iluminación, Paule Constable, que tenía una agenda muy apretada nos recomendó a un colega, Mark Ridler, quien tenía amplia experiencia en espectáculos de gran formato al aire libre. Se apuntó al proyecto sin rechistar.


También contactamos con uno de los fundadores de la compañía británica, Jos Houben, discípulo aventajado del mismísimo Jacques Lecoq, para que impartiera a los actores de "Electra" un taller de gesto y movimiento. En el Teatro Romano de Mérida, sin abandonar el sentido de la verdad escénica, había que desarrollar gestos grandes, estilizados, precisos y expresivos y ser conscientes de que las distancias iban a ser exigentes y sería necesario integrarlas con naturalidad. Me proponía utilizar la totalidad del escenario y convertir el monumento en el jardín del palacio de los Atridas. Giraudoux, en las acotaciones al texto dramático, situaba la acción en "Cours intérieure dans le pálais d'Agamemnon" (Patio interior del Palacio de Agamenón). Para nosotros, el monumento del Teatro Romano bien podría pasar por la fachada del citado palacio y de su interior pasábamos al exterior.

Maqueta de la escenografía diseñada por José Manuel Castanheira

Aquí entra la genial aportación del artista portugués José Manuel Castanheira. Habíamos visto una exposición de su obra escenográfica que viajó del parisino Centro Cultural Pompidou al Museo de Arte Contemporáneo de Badajoz (MEIAC) y nos había maravillado la contundencia expresiva y su capacidad de integrar en sus propuestas la esencia de los espectáculos en los que había participado. Nos pusimos en contacto con él y, encantado, aceptó el ofrecimiento de participar en nuestro proyecto. Gracias a las gestiones de producción de Paco Espada, conseguimos financiación suplementaria del Gabinete de Iniciativas Transfronterizas que se haría cargo de los honorarios del brillante diseñador luso y del coste de realización.


Por último, invitamos a formar parte del equipo técnico-artístico a nuestra habitual colaboradora Helena S. Kriukova, diseñadora de vestuario, al compositor musical Mariano Lozano y a nuestra cómplice de anteriores empeños, Pepa Casado (caracterización). Manuela Vázquez, nuestro pilar organizativo, se encargaría de la coordinación de producción, una tarea en la que ya empezaba a destacar y Tony Martín repetiría como ayudante de dirección. Ahora había que elaborar el reparto. La intención, desde el principio, era contar con intérpretes de la región. No considerábamos necesario recurrir a "cabeceras de cartel" venidas de otros lares para adornar el tirón de taquilla. Contar con el talento autóctono y hacerlo brillar siempre ha sido el leitmotif de Aran Dramática.


El reparto de "Electra" estuvo integrado por María Luisa Borruel, José Vicente Moirón, Memé Tabares, Leandro Rey, Beli Cienfuegos, Concha Rodríguez, Miguel Gallardo (único componente no extremeño), Esteban G. Ballesteros, Ana Trinidad, Charo Feria, Paca Velardiez, Gene García y Nieves Rebolledo. Como dice la Wikipedia, en el texto de Giraudaux se cuenta que "Agamenón, rey de Argos, había sacrificado su hija Ifigenia a los dioses. En venganza, su esposa, Clitemnestra, ayudada por su amante, Egisto, lo asesinó a su regreso de la guerra de Troya. Orestes, el hijo fue desterrado, pero a la segunda hija, Electra, se le permitió permanecer y pretenden casarla con el jardinero. Electra se rebela y, con la ayuda de su dócil hermano Orestes, que ha vuelto del destierro, emprende la búsqueda del asesino de su padre, mientras manifiesta un odio implacable hacia su madre. Finalmente, tanto Electra como Orestes terminan destruidos por la maldición que persigue a la casa de Atreo."


El montaje de Giraudaux, estrenado en 1937 y dirigido por el gran maestro del teatro francés, Louis Jouvet, ya nos lo advertía Fermín Cabal, olía un tanto a naftalina, con todos los respetos. Fermín se encargó de dotar a su versión de la garra y sentido de urgencia (la tragedia ya los tiene) a través de un lenguaje que preservaba la calidad literaria y la hacía comprensible a los espectadores y pertinente al mundo de hoy. En este sentido se lo puso fácil a los actores que recogieron el guante con el talento y destreza creativa que les eran propios. Mientras ensayábamos en el Teatro Menacho de Badajoz (hoy, sede fantasma de Zara), Paco Espada se entregaba a las labores de producción y realización y montaje del diseño de Castanheira. 


Escribe Francisco Espada (Paco para los amigos): "
Sujeta entre sus manos, abierta por una doble página con una imagen a sangre del Teatro Romano de Mérida, José Manuel Castanheira sostenía ante nuestros ojos una de esas fastuosas publicaciones que editan las administraciones públicas. Giró el libro, lo puso del revés con el Teatro cabeza abajo y dijo en tono grave: 'Esta es la escenografía'. Y así fue. Cubrió, cubrimos, el suelo del escenario y la orchestra de espejos y el marco incomparable multiplicó hasta el infinito su imponente imagen por el único lugar que podía hacerlo, por el suelo. Pero esto ocurría en el segundo acto, durante el primero la escena se desarrollaba en un inmenso jardín de césped artificial, girasoles, encinas (en el original) y un estanque que se iba tiñendo de rojo conforme evolucionaba la tragedia. A finales de los 90 aún no existía la costumbre de forrar rotondas con césped artificial, no sé hasta que punto nuestra 'Electra' ha podido servir de inspiración, y conseguir la cantidad de metros necesarios para cubrir escenario y orchestra resultó una odisea, pero nada comparada a la ingeniería que hubo que desarrollar para instalar los espejos sobre los que los actores combatían y saltaban, que finalmente conseguimos en una fábrica de Milán y a pesar de estar diseñados para colocarse en techos cumplieron su función de forma inmejorable, si obviamos su condición deslizante que conspiró contra la dignidad de los protagonistas y a alguno dio un susto. Con el asunto de las encinas, que figuraban en los bocetos, la cosa se complicó, pues aunque se propuso hacer réplicas artificiales, estas no eran del agrado del escenógrafo y no parecía muy ético sacrificar a tres árboles milenarios por una función de teatro, con cinco representaciones. Surgió la idea de aprovechar los olivos, igual de milenarios, que se estaban arrancando en el desbroce para la construcción de carreteras. Y así salvamos a los tres olivos, que hicieron su cameo en Electra y al terminar las funciones regresaron al olivar, donde ahora ilustran a los pajaritos sobre la tragedia griega."


En una entrevista concedida a Rosana Torres de El País, Castanheira comentaba: "Este teatro siempre me subyugó, no sólo como monumento, sino por razones escenográficas..., éste es un espacio de culto para mí, desde hace muchos años, era un sueño y un gran desafío tratar de conseguir que la propia aportación tenga alguna fuerza y presencia...Mi aportación a los espectáculos tiene siempre la preocupación de que la palabra y los actores siempre sean lo más importante... puede que mis metáforas escénicas sean más o menos conseguidas, pero siempre serán microgeografías, microcosmos que sirvan para que la historia se desarrolle, donde los actores se sientan bien...La escenografía debe ser el entorno justo para el actor, y nunca debe ponerse la fuerza de la imagen estética o la maquinaria. contra el actor...Lo que nos pasa en la vida, en cada época, tiene que estar encima del escenario, por tanto el teatro y su plasticidad, su escenografía debe estar en continuo desarrollo..."


Bajo el titular: "Una apuesta por el teatro extremeño", Rosana Torres escribió: "El estreno de Electra, de Jean Giraudoux, en el Teatro Romano de Mérida, ha sido una clara apuesta, por parte del Festival de Teatro Clásico y de la Junta de Extremadura, por el teatro de esta comunidad. Tanto la compañía que ha puesto en escena este montaje, Aran Dramática, como el director, Eugenio Amaya, así como los actores, entre los que se encuentra Miguel Ángel Gallardo, en el papel de Egisto, María Luisa Borruel, en el de Electra, y otros once intérpretes, son todos extremeños.Todos ellos se han rodeado de un equipo escogido con sumo cuidado. El dramaturgo Fermín Cabal, como responsable de la versión; el portugués Castanheira, del espacio escénico; la rusa Helena Kriúkova, formada en la escuela teatral rumana y afincada en España hace unos años, como figurinista; Mark Ridler, uno de los nombres imprescindibles en el terreno de la iluminacion escénica; o Jos Houben, cofundador y director del exquisito grupo, británico Theatre de la Complicité, que firma como responsable del movimiento y la coreografía. Todo un equipo que consiguió entusiasmar al público de la noche de estreno con esta versión que Fermín Cabal ha impregnado de un sello personal. 'Giraudoux versionó a los clásicos, y yo a Giraudoux', dice el autor, 'en realidad es un remake, porque el autor francés escribió su texto para un teatro de boulevard, muy cercano al público, -populista y el marco del teatro Romano necesita otro tono, muy épico. Mi versión es muy libre, además no creo que haya que tratar estas obras como si fueran arqueología".





Y, sí, los actores se sentían a gusto en el espacio escénico diseñado por Castanheira, sorteaban hábilmente algunos sutiles obstáculos, se mantenían conectados entre ellos defendiendo las particularidades emocionales de sus respectivos personajes y brillaban inspirados por la creatividad del escenógrafo luso, el texto de Fermín y las magníficas aportaciones de Mark Ridler, Helena S. Kriukova, Mariano Lozano y Pepa Casado. Sin grandilocuencias ni imposturas y a viva voz, sin micrófonos. 



Pablo Sánchez resumió así lo acontecido en el estreno en el periódico Hoy: "Hacía muchos años, tal vez décadas, que no se veía sobre el Teatro Romano un escenario de tales dimensiones: gigantescas, sencillas, llamativas. Castanheira ha vestido el Teatro con aires puramente mediterráneos: girasoles en los laterales, un tapiz verde que se extiende por la mitad de la orchestra y tres hermosos olivos que pregonan la mediterraneidad del viejo palacio de Argos en donde se cuece el drama de Electra."





Y añade Pablo Sánchez tras el último día de representaciones: "Electra se despide con llenos espectaculares en el Teatro Romano...a lo largo de este fin de semana ha aprobado la otra asignatura que se le demanda a cualquier otra producción: llenar las gradas...Viernes y sábado el teatro se llenó rondando los tres mil espectadores para contemplar la mayoría de edad del teatro extremeño. La puesta de largo de una nueva manera de afrontar retos de envergadura conectando a los más destacados actores de la Región con excelentes profesionales de la escena europea."






Efectivamente, nuestra primera incursión en el Festival de Teatro Clásico de Mérida (luego vendrían tres más), nos brindó grandes satisfacciones. Hubo un amago de hacer girar "Electra", pero eso habría sido desvirtuar el espíritu del proyecto: el objetivo principal había sido rendir homenaje al monumento del Teatro Romano, realzar su magnificencia y desarrollar en el ámbito horizontal de grandes dimensiones una fusión poética con la espectacular fachada. Fue un aprendizaje rodeado de los mejores: adaptador, diseñadores, compositor, técnicos, maquinistas, equipo de producción y realización de escenografía y vestuario, intérpretes...una experiencia de las que no se olvidan. Han transcurrido casi 24 años desde el estreno de nuestra "Electra" en Mérida y, escribiendo estas palabras, parece que fue ayer. 

Eugenio Amaya